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Indisciplina Laboral
19/12/2007 | Roger Rubio Lima


 

La falta de producción y el cada vez más desastroso descalabro de la economía cubana es, según unos funcionarios gubernamentales, responsabilidad de los trabajadores indisciplinados. Pero lo que el régimen llama indisciplina laboral no es otra cosa que una actitud de no cooperación con un sistema fracasado incapaz de generar riquezas que satisfagan las necesidades de los cubanos. Lo cierto es que el viejo sistema de economía centralizado necesita ser reformado total o parcialmente para traer al país desarrollo económico que hará posible el mejoramiento de la vida de los cubanos. Pero una reforma del sistema, para que sea eficiente, debe ser la liberación de las fuerzas productivas y la iniciativa individual de los cubanos. Sin embargo, esa liberación es temida por los gobernantes cubanos porque debilitaría su control del poder sobre la economía y la sociedad.

 

Es este control excesivo una de las causas principales de la crisis. Como dicen muchos en Cuba: “el bloqueo que más nos afecta es el impuesto por el gobierno sobre los ciudadanos y el que no permite que cada uno decida por sí mismo.” Esto impide las decisiones a la escala individual y local. No tiene en cuenta las necesidades de la gente en sus comunidades. Desestima o disminuye la capacidad productiva local y los impedimentos que existen para aumentar la producción y alcanzar mayor eficiencia. Todo está controlado desde arriba por gente que o no conoce, o no le interesan las condiciones locales.

 

Este tipo de control es el que hay que reformar de manera que los ciudadanos puedan tomar sus propias decisiones sobre qué producir, en qué trabajar y cómo utilizar los recursos a los que puedan acceder. Todo esto dentro de un marco legal que los proteja en vez de explotarlos. Que no los obligue a romper a ley para sobrevivir. Dudo que esta situación pueda arreglarse con reformas parciales o modificaciones cosméticas. Mucho menos, aplicando medidas coercitivas contra los trabajadores, como pretenden ahora. El período especial o la crisis, ha durado más de 15 años y sólo medidas radicales pueden resolver el problema económico y social permanente que padecemos. No se resolvería mucho liberando los mercados y la iniciativa individual sin un estado de derecho que proteja al productor o que le permita ser el dueño de la tierra y de los medios de producción. ¿Cómo esperar que el mercado funcione con tantas ingerencias del gobierno para controlarlo?

 

¿Por qué faltan en Cuba productos como el plátano, la yuca, la malanga y la calabaza? Pues una cabeza de ajo vale más que la mitad del salario de un día de un trabajador promedio. A pesar de esta aguda situación de crisis, parece que el gobierno prefiere mantener el poder que resolver el problema, aunque corren el riesgo de una explosión social como el famoso maleconazo. Los millones de petrodólares que Chávez envía no alcanzan para mantener una economía arruinada cuando día a día la producción disminuye y la infraestructura se acaba.

 

Lo triste es que los responsables del problema se lo estaquen a los trabajadores, que no tienen ni incentivas para trabajar; carecen de los recursos necesarios como el transporte, las herramientas y el salario no les alcanza para vivir. Muchos profesionales al graduarse no encuentran trabajo en su especialidad. Esto genera frustraciones que imposibilitan un buen desempeño profesional. Pues tanto, lo que los burócratas del gobierno llaman ‘indisciplina laboral’ es una reacción normal de la naturaleza ante la falta de motivaciones positivas. Sin embargo, la obstinación de este sistema es tanta, que prefieren incrementar los estímulos negativos como el miedo y la coerción generando un círculo vicioso que incrementa el descontento y por lo tanto, disminuye la productividad de los trabajadores.

 

 

 

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