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¿Por qué será que los miembros del Congreso estadounidense que se precipitan para hacerse amigos de los Castro ignoran el movimiento pro democracia en la isla?
09/04/2009 | Washington Post


Traducción inoficial del Directorio

Jueves, 9 de abril de 2009; A16 . The Washington Post, Editorial Page.

Esta semana media docena de miembros del Caucus Negro del Congreso de los Estados Unidos se pasaron horas compartiendo en privado con Fidel y Raúl Castro en La Habana como parte de una creciente campaña para normalizar las relaciones con Cuba. “Es hora de abrir el diálogo y la discusión,” declaró Bárbara Lee, congresista del Partido Demócrata en California en una conferencia de prensa en la ciudad de Washington posterior a su retorno. “Los cubanos sí quieren diálogo. Sí quieren discusiones.”  Es raro, pues, que durante los cinco días que pasaron en Cuba, los miembros del Congreso no encontraron tiempo alguno para dialogar con el disidente afro cubano Jorge Luis García Pérez.

El Sr. García, mejor conocido como “Antúnez,” es un defensor de los derechos humanos de renombre, quien ha sido sujeto a tratos severos debido al color de su piel. “Las autoridades en mi país,” ha dicho él, “nunca han tolerado que una persona de la raza negra se atreva a oponerse al régimen.” Su esposa, Iris, es fundadora del Movimiento Feminista por los Derechos Civiles Rosa Parks, que lleva el nombre de una heroína americana a quien los afro cubanos intentan emular. El matrimonio ha protagonizado una huelga de hambre desde el 17 de febrero para exigir justicia en el caso de un familiar encarcelado. Son parte de un significativo y creciente movimiento cívico que aboga por el cambio democrático en Cuba- un movimiento al cual los defensores de la distensión con los Castro parecen haber resuelto ignorar.

Además del Caucus Negro, la campaña congresional está liderada por defensores de la izquierda latinoamericana de larga trayectoria como el Senador demócrata de Connecticut Christopher J. Dodd; por representantes de estados agrícolas ansiosos de incrementar los $400 millones en alimentos que ya los Estados Unidos exportan a Cuba anualmente; y por el Senador republicano de Indiana Richard G. Lugar, el miembro Republicano más antiguo del Comité de Relaciones Exteriores del Senado. El Sr. Lugar envió unos miembros del personal de su oficina a Cuba este año a fin de informar sobre las posibilidades de mejorías en las relaciones. Ellos tampoco se reunieron con nadie de la oposición democrática. Si propusieron el levantamiento de toda restricción de viajes a Cuba por ciudadanos de Estados Unidos – algo que podría darle una inyección de $1,000 millones anuales a la industria de turismo cubana, controlada por el Estado – y ahora el Sr. Lugar propone un proyecto de ley junto con otros senadores para lograrlo.

La presión por parte del Congreso y por parte de la riada de presidentes latinoamericanos izquierdistas que han ido a Cuba en los últimos meses tiene muchas posibilidades de socavar al Presidente Obama, quien ha prometido que la “libertad” estaría al centro de su política hacia Cuba. Se espera que el Sr. Obama anuncie una flexibilización de viajes y regalos a familiares en Cuba por parte de cubano americanos antes de la Cumbre de las Américas a celebrarse la semana próxima y ha dicho que se mantiene abierto al diálogo con el régimen. Pero también ha dicho que el levantamiento de lo que queda del embargo comercial de Estados Unidos debe quedar vinculado a los pasos que realice el gobierno de Cuba hacia el cambio democrático.

Esta es una estrategia razonable y enfocada hacia el futuro, especialmente teniendo en cuenta la edad y los estados de salud en deterioro de los hermanos Castro. Pero, por el momento, los hermanos no han mostrado señal alguna de querer ofrecer ese cambio – de hecho, recientemente tomaron medidas para impedir esa posibilidad al purgar de sus puestos a dos ministros jóvenes y de mentalidad relativamente liberal. Cincuenta y cuatro de los 75 destacados activistas pro democráticos y de derechos humanos encarcelados hace seis años aún permanecen encarcelados, junto a centenares de otros presos políticos. Mientras el Congreso norteamericano continúe dando pasos hacia el levantamiento unilateral de su única ficha de negociación – y margine la oposición democrática cubana – el régimen no tendrá incentivo alguno para comprometerse con el cambio.

 

 

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