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Orlando Zapata: la voz de la Cuba profunda
15/05/2014 | Janisset Rivero


Hoy cumpliría cuarenta y siete años Orlando Zapata Tamayo. Y ¿quién fue este cubano humilde, albañil, que ha pasado a la historia de la Resistencia democrática cubana? Zapata nació en una familia sencilla, en el oriente de Cuba y desde niño padeció los rigores de la miseria, la represión y la discriminación que sufren los cubanos de a pie, y a eso le sumas el color de su piel. Por eso desde muy joven se fue de casa y se hizo hombre trabajando en brigadas de construcción en La Habana. Allí se forjó su carácter frente a las injusticias que sufren los trabajadores cubanos, y se acercó a los hombres y mujeres que luchan por la democracia y el cambio real en Cuba. Se hizo parte del partido Alternativa Republicana, apoyó las campañas del Dr. Oscar Biscet, participaba en las peñas de derechos humanos en el Parque Central, y recogió firmas para el Proyecto Varela. Estaba comprometido en el esfuerzo de cambiar el presente y el futuro de Cuba cuando fue arrestado y llevado sin juicio a prisión en diciembre de 2002 junto al Dr. Oscar Biscet, Raúl Arencibia Fajardo y Virgilio Marante Guelmes. En marzo del 2003, y en los albores de la ola represiva de esa primavera fue excarcelado con una causa pendiente, y no dudó en incorporarse a los ayunos que por la libertad de Biscet se realizaban en casas de La Habana. Y allí fue arrestado el 20 de marzo.

Allí empezó la saga de Zapata contra la injusticia y arbitrariedades en las prisiones castristas. Es larga la historia de golpizas, tratos crueles, torturas, celdas de castigo, agresiones violentas que Zapata tuvo que enfrentar por denunciar atropellos, por rebelarse contra tanta maldad. Cuando al fin fue llevado a la Prisión Provincial de Holguín, después de años de padecer en prisiones en el occidente de la Isla a cientos de kilómetros de su madre, en esta prisión el ensañamiento fue terrible. Los oficiales que dirigían esta prisión junto al entonces Mayor Roilán Cruz Oliva, ahora convertido en Teniente Coronel de la Seguridad del Estado, gestaron una venganza contra el rebelde negro cubano. Habían tenido que operarlo de emergencia en el 2009, por un hematoma interno en el cabeza producido por una brutal golpiza recibida por Zapata a fines de 2008. La denuncia se había llevado a instancias internacionales. Por eso el 2 de diciembre de 2009, cuando recibió la visita de su madre, que era cada tres meses en tiempos normales, ya la suerte del opositor cubano estaba echada. Al siguiente día, lo despojaron de la comida y avituallamiento que le había dejado su madre, y lo trasladaron a las celdas de castigo de la tenebrosa prisión Kilo 8 en Camagüey. Ese día empezó la huelga, su última huelga de hambre.

En Kilo 8, y bajo las órdenes del Mayor Filiberto Hernández Luis, Zapata fue llevado a una celda de aislamiento sin ropa, en el frío mes de diciembre, y allí lo dejaron 18 días sin agua, lo único que este ingería. Por supuesto su condición se agravó y a principios de enero de 2010 fue llevado en dos ocasiones al hospital, le introdujeron a la fuerza un catéter en la vejiga para hidratarlo y luego lo devolvieron a su celda de castigo. A principios de febrero de 2010, empeoró la condición de Zapata y fue trasladado a la sala de penados del hospital Amalia Simoni en la ciudad de Camagüey. Desde el 2 de diciembre su madre no había podido verlo. Allí frente al hospital, Reina Tamayo exigía que la dejaran entrar a verlo, y un grupo de valientes hermanos de la Alianza Democrática Oriental unido a miembros del Movimiento Solidario Expresión Libre la apoyaron y presionaron hasta que pudo verlo.  Al verlo pudo conocer por su propia boca los horrores a los que había sido sometido, especialmente que le negaron el agua durante todos esos días. Ya en aquel momento sus riñones tenían una falla mortal. El 16 de febrero lo trasladaron sin aviso hacia La Habana. Su madre no sabía hacia donde, y tampoco le permitieron acompañarlo. Ese fue el último día que lo vio consciente.  En La Habana demoró tres días en saber que el régimen había trasladado a Zapata a un improvisado salón en la Prisión Combinado del Este, donde supuestamente recibía atención médica. Lo pudo ver por las presiones que se hicieron internacional y nacionalmente para que el régimen cediera. Ya estaba inconsciente, las extremidades inflamadas, estaba muriendo.

Los médicos militares, o más bien los torturadores vestidos de médicos, fueron capaces de citar a su madre a una reunión médica donde había una cámara oculta, y dándole esperanzas, la filmaron para justificarse sobre la atención médica brindada a Zapata.

Lo dejaron morir. Lo asesinaron. Zapata era un hombre inocente. El 23 de febrero de 2010 finalmente anunciaron su muerte. Nadie sabe si Zapata murió ese día o antes. El régimen y sus carceleros, sus oficiales y torturadores son los únicos que saben esa verdad.

Lo cierto es que su muerte, como la de Boitel, lanzó un disparo de luz en medio de la oscuridad de la noche cubana. Gracias al sacrificio de Zapata liberaron a los prisioneros de la primavera del 2003. Las Damas de Blanco tomaron una relevancia nacional e internacional como nunca antes y la Resistencia interna cubana ganó en brío e inspiración.

Y tanto le han temido sus asesinos, que cuanto ha acontecido desde febrero de 2010 hasta la fecha, ha sido para desaparecer su legado. En cuanto murió trataron de desviar la atención de su sacrificio. Cremaron su cuerpo y desterraron a su familia para sacar el foco de Resistencia en que se convirtió su tumba. Difamaron y difaman en su contra, envilecen cuanto tenga que ver con su historia. Pero no han podido borrar su sacrificio porque su prisión política fue real, las torturas que le infringieron fueron reales, las celdas de castigo, las golpizas, las huelgas de hambre, la negación del agua, son reales.

Cuba lucha, renace en hombres sencillos y nobles como Orlando Zapata. Ya el oprobio no puede acallar esa voz de la Cuba profunda. Ni cien años de dictadura totalitaria pueden con la voluntad de la nación cubana de ser libre y soberana.

 

 

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About the author


Janniset Rivero Janisset Rivero
Janisset Rivero is a founding Directorio member. Janisset has worked extensively in engaging directly with opposition groups in Cuba, relaying their messages to the international community and coordinating humanitarian support for them. She is co-author of "Steps to Freedom," a Directorio annual report that documents the opposition movement's actions of protest against the totalitarian regime.

 

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